La gente no lo entiende, o no quiere entenderlo. No les gusta ver la cruda realidad. No quieren aceptar los errores que cometen, ni las lágrimas que lloran. Pero siempre hay alguien legal en todo esto. Siempre hay alguien al lado de cada persona de este mundo. Un pequeño ángel de la guarda que te guíe por el buen camino, que te haga sonreír hasta debajo de toda la mierda que puede llegar a cubrirte en determinados momentos de la vida. No, no me miréis así. Todos tenéis a esa persona, ahí, a 5 metros o a 5000. No esperéis más, darles las gracias por todo. Gracias por no decirme lo que quiero oír. Gracias por llamarme la atención cuando estaba donde no tenía que estar. Gracias por entenderme mejor que nadie y por dejar de hacerlo cuando soy imposible de descifrar. Gracias por mirar atrás, coger con fuerza el pasado y traerlo de nuevo, a mi se me había escapado. Gracias por olvidar todo lo malo, o por lo menos, hacer que lo olvidas. Gracias por no poner punto y final, si no punto y aparte... O por ese borrón y cuenta nueva. Sin prisa pero sin pausa. Gracias por protegerme y hacerme prometer. Gracias por enseñarme a ser yo y nadie más, pero también a ser los demás y no sólo yo. Gracias, gracias, gracias por todo. Dime sólo que estás bien y hoy dormiré tranquila. Dime que sigues volando, y que eres feliz... Que aunque te preocupen mil cosas sonríes.
Mérito.
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